UVa : Universidad de Valladolid
Vicerrectorado de Relaciones Internacionales y Extensión Universitaria
ACTIVIDADES CULTURALES

Textos y fotografías ganadores de DELIBES. Tras la ventana

Categoría Relatos

Primer premio: “Pan diario”

Autora: María del Mar Hernández Hernández 

María aprovechó la cuarentena para dos cosas, pasar el duelo por la relación rota la semana anterior y retomar la escritura. Y lo creó, creó al hombre perfecto, guapo, un poco desmadejado y de sonrisa impecable, con dos hoyuelos que taparían la mascarilla cuando bajara a la calle a comprar.  Redactó la sinopsis de la novela: «Miguel, su personaje, vivía solo y teletrabajaba, sólo podía bajar a la calle a las compras de productos esenciales. Magda, su alter ego, era una joven despechada por amor que, además de una ruptura padecía un ERE. Ambos salían a aplaudir a las 8 a la ventana, pero ninguno se fijaba en el otro, hasta que una noche a las 9, el ruido de las cacerolas les hizo asomarse otra vez. Entonces, se sonrieron y comentaron la protesta. Miguel le comentó que bajaba a por el pan a la tienda de abajo a las 10 de la mañana. Magda lo consideró una cita y, aunque era celíaca, acudió puntual a la cola de la calle. Allí se encontraron y se convirtió en costumbre. Después de veinte barras de pan, y una confesión, decidieron confinarse juntos». María revisaba sus notas cuando escuchó las cacerolas. Salió y vio a su vecino de enfrente. Los hoyuelos le hicieron cambiar el guion: «Solo salgo a por el pan, a las diez de la mañana, a la tienda de aquí abajo. Sí, todos los días». 

Segundo premio: “Ojo de Buey”

Autor: Oliver Álvarez Valle

Ya llevamos meses aquí, encerrados. ¿Qué tal lo lleva el chaval? - preguntó Julio. Los dos jóvenes marineros conversabananimadamente mientras tomaban un vaso de agua en la cantina del barco.

-     ¿Miguel? Echa de menos su tierra. Se pasa el día mirando por la ventana. Dice que el mar le recuerda los paisajes de allí.

-     ¿De su tierra? - preguntó extrañado - pero, ¿no decías que era de Valladolid, como tú?

-     Sí, claro. Se refiere a los páramos. Tiene razón cuando dice que solo en el mar y en los páramos “el horizonte es horizontal”.

-     Le gusta jugar con las palabras, eh. Ya lo he notado.

-     Sí,  yo  creo  que  va  para  escritor  o  algo  así.  Siempre  está  leyendo  algún  libro  o dibujando y apuntando cosas ensu libreta.

-     ¿Qué cosas, y qué lee?

-     Nada raro.. excepto hoy. Hoy sí me ha extrañado lo que me ha dicho, es muy culto para su edad, a veces no lesigo…

-     Cuenta, cuenta…

Quedaron en silencio, uno degustando la pausa dramática, el otro paladeando breves sorbos de la cotizada agua dulce, como sifuera el mejor vino de la Ribera del Duero.

-     Brujas, ¡y el Apocalipsis!

-     ¿Cómo? - Julio se atragantó y los dos rieron.

-     Como lo oyes. Pero no te alarmes, es un genio. Está escribiendo un cuento infantil, lo sé por los dibujos, sobre unabrujita, Leopoldina, creo que la llama, y hablando sobre eso ha terminado enseñándome lo que estaba leyendo, queera el final de la Biblia. Entonces se puso serio.

-     Buen cristiano. ¿Qué dijo que te extrañó tanto?

-     Dijo que en el barco se siente más a salvo... del jinete. La Guerra, ya sabes. Dice que se enroló en la Marina para no tener que combatir cuerpo a cuerpo.

-     Ah, ya, los cuatro jinetes. La Guerra, el Hambre, la Muerte y…

-     La Peste. También habló de ese. Dice que hace 20 años la gente también se encerró, en sus casas, para esconderse de esejinete. La gripe “española”, ¿te suena? Y que, ¿quién sabe?, en cien años puede volver a pasar… ¡Qué imaginación! - Leguiñó un ojo, se encogió de hombros y brindaron.

-     Por el futuro escritor. ¡Salud!

Segundo premio: “En un vuelo”

Autora: María Domínguez de Paz

Abrí la ventana y deslicé la mirada por aquella enorme raspa de pescado con espinas a medio cubrir en que se había convertido mi calle vacía. Dejé que mis ojos caminaran lentamente por cada acera, ida y vuelta ante las tiendas cerradas, la cotidianeidad ausente y un triste aspecto de amanecer perpetuo. Veinte, o treinta, quizá más. Lo cierto es que ya no llevaba la cuenta de los días de confinamiento y cada uno se me antojaba terriblemente idéntico al anterior, como si los ciclos de cada salida y puesta de sol no fueran de veinticuatro horas, sino de un número aún por determinar. Lo único que marcaba con exactitud  mi principio de día era la taza de café humeante que sujetaba fuertemente entre las manos y que se me antojaba lo más parecido a la calidez de un abrazo en medio de aquel aislamiento.

Agradecí el aire de la ventana. Llevé la vista hacia el salón y observé el montón de papeles desparramados sobre la mesa. Unos días antes de que el virus guillotinase nuestro ritmo, mi director de tesis ya me había amonestado. Los plazos se acercaban, había logrado su disponibilidad para mi tutoría, pero yo daba bandazos a diversos aspectos de la obra de Miguel Delibes sin decidirme por ninguno y llegó a insinuarme, con cierta presunción, que tenía lista de espera de doctorandos menos indecisos. Así que la llegada del confinamiento en pleno ultimátum no dejó de ser una prórroga inesperada, una oportunidad que no debía desaprovechar. Solo era cuestión de elegir, pero no era capaz de convertir en sencillo mi entusiasmo por toda la obra de Delibes. Ese era precisamente mi gran problema.

Escuché un sonido. Parecía un graznido tenue, insistente, que reclamó mi atención hasta que localicé su origen en el alféizar de una ventana vecina. Desde allí, agazapado y asustadizo, un volantón de grajilla parecía preguntarme con su graznido lastimero qué debía hacer para volver al nido. Me vino a la cabeza Morris, la grajilla adoptada por la familia Delibes en Sedano. Debía de ser similar a esta, con esos ojos aguanosos y como de abalorios que describió don Miguel tan elocuentemente. Migué un poco de pan y se lo ofrecí. El pollo hacía intentonas, pero no terminaba de lanzarse. Cambié de estrategia y cerré la ventana. Entonces, tras unos segundos de indecisión, revoleó torpemente hasta mi alféizar y comenzó a picotear confiado. Eso es, amigo, son los decididos quienes vuelan alto, pensé.

Me senté frente al portátil y escribí a mi director el correo que esperaba.

Categoría Fotografía

Primer premio: “Yo también resistiré”

Autor: Raúl Guadián Delgado



Segundo premio: “En albarcas por Molledo”

Autora: Eva Guerra Soto


Entrega de premios


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